Si visitas Madrid y no pruebas un bocadillo de calamares, ¿realmente has estado en Madrid? 💑
El icónico bocadillo de calamares es mucho más que un simple bocata: es una tradición, un ritual y, para muchos, el símbolo comestible de la capital. Pero, ¿dónde encontrar los mejores? Aquí te dejamos una ruta de bocadillos que no te puedes perder.
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Bar Postas
Situado en la Plaza Mayor, este bar es todo un clásico. Con su larga barra y un ambiente castizo, aquí se disfruta del bocadillo de calamares como manda la tradición: con una cerveza bien fría y sin prisas.
Calle de Postas, 13.
La Campana
A pocos pasos de la Plaza Mayor, esta cervecería lleva abierta desde 1870, así que algo sabrán de calamares. Su bocadillo es el producto estrella, aunque también tienen opciones como el lomo, la tortilla o las salchichas.
Calle Botoneras, 6.
El Brillante
Frente a la Estación de Atocha, este bar es casi una institución. Desde 1952, sirve bocadillos de calamares que son todo un clásico. Crujientes, sabrosos y con historia.
Plaza del Emperador Carlos V, 8.
La Ideal
En la calle Botoneras, muy cerca de la Plaza Mayor, La Ideal es famosa por su pan crujiente y sus calamares jugosos. Un lugar perfecto para quienes buscan autenticidad en cada bocado.
Calle Botoneras, 4.
B13
Cada vez hay más opciones veganas en la ciudad y el bocadillo de calamares también tiene su gran referente en esta versión. El bar B13 es famoso por ofrecer opciones de toda la vida, como pinchos de tortilla, platos combinados, hamburguesas y hasta postres, libres de productos de origen animal. Y una de sus grandes imprescindibles es su bocadillo de calamares, una delicia que no deberías dejar escapar.
Calle de la Ballesta, 13.
Los Galayos
En el borde de la Plaza Mayor, este local familiar ofrece cocina castellana de toda la vida. Su bocadillo de calamares es una apuesta segura para los amantes de la tradición.
Calle Botoneras, 5.
Taberna DNorte
Con un guiño a la gastronomía del norte de España, esta taberna en el interior del Hotel Madrid II Castillas le da un giro al clásico bocata: rabas con papada ibérica. Una combinación irresistible.
Calle de Mesonero Romanos, 8.
Cervecería Sol Mayor
Llevan más de un siglo perfeccionando el arte del bocata de calamares. Ubicada cerca de la Plaza Mayor, esta cervecería también ofrece una amplia carta de raciones para acompañar.
Calle de Postas, 5.
🦑 Pero, ¿cómo se convirtió este manjar marino en el emblema de una ciudad sin mar?
La respuesta no está del todo clara, pero hay teorías que nos llevan de viaje por la historia y la tradición.
El pescado en Madrid: una cuestión de fe
Durante siglos, la Cuaresma prohibía comer carne, así que el pescado se convirtió en la estrella de muchas mesas madrileñas. Para traerlo fresco, se idearon rutas que mejoraron con el tiempo. Hoy en día, Mercamadrid es el segundo mercado de pescado más grande del mundo, solo detrás del de Tsukiji en Tokio. ¡Casi nada!
Antaño, el viaje del pescado desde la costa hasta la capital tardaba más de una semana. Se transportaba en recipientes con hielo, pero no siempre llegaba en su mejor forma. Por eso, los pescados en salazón, secos o ahumados se hicieron muy populares. Con la llegada del ferrocarril en el siglo XIX, el transporte se agilizó, y por fin el pescado fresco empezó a llegar con más frecuencia.
De frituras andaluzas y tascas del norte
A mediados del siglo XIX, los andaluces trajeron a Madrid el arte de freír pescado, y los madrileños cayeron rendidos ante esta delicia crujiente. Al mismo tiempo, muchas mujeres del norte de España, expertas en aprovechar lo que el mar ofrecía, abrieron las primeras tascas y casas de comidas. Los calamares, sin espinas y fáciles de preparar, se convirtieron en los favoritos para rellenar un buen pan y crear un bocado sabroso y contundente. Un auténtico combo ganador. 🏆
El Brillante y la consagración del bocata
El verdadero «boom» del bocadillo de calamares llegó en el siglo XX. El Brillante, un bar que abrió en 1952, se hizo famoso por su bocata: rápido, barato y delicioso. Su éxito contagió a otros bares, sobre todo en los alrededores de la Plaza Mayor, y el bocadillo se convirtió en un clásico madrileño.
Quizá nunca sepamos con certeza cómo empezó esta tradición, pero lo importante es el sabor y el ritual de acercarse a la Plaza Mayor, pedir un bocata y disfrutarlo sin prisas. Y como dice el dicho: ¡A comer y a callar! 😋